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Fernando Blanco de Lema nació en Cee el 18 de Octubro de 1796. Cuando contaba con menos de un ano de edad murió su padre, de profesión sangrador (cirujano), por lo que su educación corrió a cargo de su tío y padrino Fernando Blanco Giance, cura de San Juan de Mazaricos, aa que debió sus sólidas creencias religiosas. En 1809 los franceses (Guerra de la Independencia) matan a su padrino y arrasan la villa de Cee. Su madre, viuda y con cinco hijos, decide enviar a los tres varones a Ferrol, y, desde alí, con sólo trece años, Fernando Blanco de Lema emprende viaje hacia Cuba. Su primer trabajo en la isla caribeña fue de dependiente en una tienda de ultramarinos. Con treinta y tres años decide dedicarse al negocio de la ferretería, creando varias tiendas en la isla, y siendo este negocio la base de su fortuna. Además de ser poseedor de intereses y acciones en bancos y en compañías de hierro, mantenía estrechas relaciones comerciales con un primo emigrado en Nueva York, el rico empresario Bartolomé Blanco. En varias cartas dirigidas a su primo podemos descubrir un perfil humano que nos avanza el filántropo que más tarde se revelaría: hombre afectuoso, preocupado por sus parientes más desfavorecidos, confirmándonos la fortaleza de los lazos que siempre mantuvo con su localidad natal. Poco antes de morir, el 2 de Abril de 1875, redactó el testamento. En él ratifica sus fuertes convicciones religiosas, asegura estar soltero y sin hijos, y declara estar alojado en la casa de Regla da Silva, viuda que lo cuidaría con esmero durante la enfermedad que pocos días después acabaría con su vida. En el testamento expone la voluntad de asignar ciertas cantidades a dos sobrinas de Regla da Silva, a dos ahijados y a dos primas que tenía en España sin fortuna. También se vieron favorecidas en el testamento la Real Casa de Beneficencia y Maternidad de La Habana y la Sociedad de Beneficencia de Naturales de Galicia. Finalmente, el grueso de su fortuna (750.000 pesos de oro) decide emplearlos en la construcción y mantenimiento de un Colegio de Primera y Segunda Enseñanza en su villa natal (Cee). Para llevar a cabo esta misión nombra coma albaceas a Juan Álvarez Baldonedo y a Brígido Zavala, y coma apoderado en España es nombrado Vicente Vázquez Queipo, insigne científico lugués. Todos ellos llevaron a cabo, en medio de una agria disputa periodística y legal, el magno proyecto que determinaría el nacimiento de la Fundación. Fernando Blanco murió en Cuba poco después de firmar este documento (5 de Abril de 1875), reposando sus cenizas en la capilla del Colegio que mandara fundar.
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