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O 2 de Outubro de 1886, D. Dionisio Barreda, Catdrático de Física da Universidade de Valladolid e 1º Director do Colexio-Instituto e Escolas da Fundación, pronunciaba o discurso inaugural. A partires deste momento comezaba para Cee e bisbarra unha nova etapa na súa historia, etapa na que a Fundación Fernando Blanco de Lema xogaría un papel determinante.
"De grandísima satisfacción debe ser este día para todos los habitantes de la noble y laboriosa villa de Santa María de Cée. Muchas festividades habrán celebrado sus moradores durante el largo período de tiempo que cuenta la existencia de este Municipio, mas ninguna puede alcanzar la magnitud de la presente, atendiendo al objeto que la motiva. Los hijos de Santa María de Cée, se habrán regocijado con expansión alegre y bulliciosa, mezclando su contento con la satisfacción de sus convecinos cuando en los días faustos para las familias hayan tenido lugar los natalicios de sus hijos, los matrimonios de los mismos ó la exaltación de algunos al desempeño de los cargos públicos á que les hicieron acreedores sus méritos y virtudes. Con inusitado júbilo habrán celebrado las festividades de sus santos Patronos y Protectores causando la admiración de los pueblos de los contornos; pero toda la satisfacción, todo el contento, todas las demostraciones que hayan manifestado en tales casos, han debido de ser insignificantes comparadas con la que hoy ha de inundar de júbilo vuestras almas. Las causas que motivan aquéllas, ó eran pasajeras para no volver á repetirse, ó ningún beneficio dejaban en pos de sí, para los que formaban el acompañamiento de semejantes manifestaciones. Lo que hoy se ofrece á vuestra vista, representa un valor inapreciable por su importancia, y una riqueza inagotable é imperecedera que ha de ser la base del bienestar de todos los habitantes de esta noble villa. Hasta aquí hallábase esta población sin mas defensas que las comunes y ordinarias de que pueden disponer los pueblos de pequeño vecindario, impotentes por la cortedad de su número para repeler las agresiones de los enemigos que pretendieran perturbar su reposo; de hoy más pueden descansar tranquilos en sus hogares, porque ya cuentan con el amparo de una fortaleza inexpugnable, provista de toda clase de armas, defendida por soldados entendidos y valerosos que no han de consentir que esta villa ni las poblaciones inmediatas sirvan de presa y botín a las huestes que pretendieran devastarla. De hoy más no tienen por qué temer que una estación calurosa y seca agoste sus sembrados y destruya las esperanzas que presenten sus campos, por cuanto ya cuenta con una fuente de aguas abundantísimas que rieguen y fertilicen estos contornos, haciendo que sus frutos lleguen á desarrollarse hasta alcanzar la madurez que necesitan. Pero ¿cuáles son los enemigos que podrían asediar y acaso destruir la existencia de esta rica población?. ¿De dónde podría provenir la sequedad que esterilizase sus campos?. ¡Ah, señores!. ¿Qué enemigos mayores podrían acosar á esta villa y destruirla material y moralmente que la ignorancia de sus moradores?. ¿Qué mayor agostamiento y esterilidad podrían sufrir sus campos que la escasez de conocimientos y de educación de sus vecinos?. Hermosos y bellos son el suelo y cielo situados en varios parajes del África; bellísimas aparecen estensas comarcas de las Américas, comarcas en que el Divino Hacedor como que se recreó en derramar cuantos encantos pudiera soñar una imaginación ansiosa de goces y placeres; algunos quizás de los que me escuchan, valerosos como sus antepasados, intrépidos como los que todavía conservan las tradiciones de esta villa, acometiendo empresas parecidas á las que la historia nos refiere de los antiguos navegantes; algunos de vosotros, repito, habrá contemplado esos países y se habrá admirado tambén del escaso número de sus habitantes, y aún de la carencia de ellos en muchas ocasiones, y al investigar las causas de semejante fenómeno, muy luego echarían de ver que no eran otras sino la ignorancia de las pobres tribus casi salvajes que en ellos encontraron.Algunos quizás de los que aquí nos acompañan habrán podido comparar el estado floreciente de la agricultura, de la industria y del comercio de los pueblos que hoy ocupan la mayor parte de la América del Norte con el de los que pueblan casi toda la América del Sur, y habrán visto que a pesar de tener estos últimos suelo más fértil, cielo más vivificador, ni su agricultura, ni su comercio, ni su industria tiene puntos de semejanza con los primeros. No se necesita emplear mucho ingenio para darse cuenta de estas diferencias tan notables; muy luego salta á la vista que todo procede de la educación y de la enseñanza que reciben los primeros, y de la escasez que en esta parte es propia de los segundos. Los norteamericanos admiran al mundo por los inmensos gastos que emplean en sus escuelas para instrucción primaria, en sus colegios, en sus universidades y en todo cuanto pueda servir para desarrollar la inteligencia y el saber del ciudadano. Si no temiera molestar demasiado vuestra atención, yo os referiría los miles y miles de pesos que allí se gastan todos los años en cuanto se relaciona con la educación y la enseñanza. Por esto es por lo que todos los portentos en todas líneas que hoy asombran al mundo , todos proceden de aquellos países cuyo nombre es conocido en toda la redondez de la tierra. Pues todas estas grandezas no proceden de otra causa que de la educación y de la enseñanza que allí se recibe en los centros de la misma clase que el que hoy se inaugura en esta villa. Ved aquí por qué os decía en un principio que por muchas y grandes que pudieran haber sido vuestras alegrías y satisfacciones anteriores, mayores debían de ser las que hoy habíais de sentir considerando los inmensos beneficios que habrán de venir sobre los hijos de Santa María de Cée con la inauguración de este templo de la sabiduría. En efecto; dirigid vuestra mirada por todas las poblaciones de esta provincia, y aún de las restantes que componen nuestra nación, y de seguro que no encontrareis en ellas mejores escuelas que las que en vuestros hijos han de recibir la educación y la enseñanza que les preparará para que en lo sucesivo sean lo que deban ser los ciudadanos de una población culta é ilustrada. Vuestras hijas habrán de ser educadas é instruídas para ser luego el modelo de las esposas dispuestas á cuidar del honor y de la felicidad del hogar doméstico, así por sus principios religiosos, como por sus conocimientos en cuanto se relaciona con una razonada economía, educando á la familia de manera que por sus virtudes sean el aprecio de la sociedad. Vuestros hijos, después de preparados en todo lo que corresponde á la primera enseñanza completa, habrán de perfeccionar su inteligencia en este establecimiento para ingresar en cualquiera de las diferentes carreras que sean más de su inclinación, de su conveniencia y hasta de su propio interés. Los que se sientan llamados á cultivar los amenos jardines de las letras ó de las ciencias, aquí recibirán cuantos conocimientos previos se requieran para ello. Quien se contemple con inclinación á la honrosa profesión del juriconsulto, del médico ó del hacendista; el que pretenda con cierta abnegación penetrar en el estudio de las ciencias eclesiásticas; el que sólo aspire á conocer los medios de trabajar sus campos de una manera más racional y lucrativa; quien aspire á procurarse una fortuna por medio del comercio; los que llevados por la afición de sus mayores por los riesgos de la mar pretendan labrar un porvenir arrostrando los furores de los vientos; los que ofreciendo su vida en sacrificio por la salvación de la patria quieran ingresar en la carrera de las armas…, todos, todos han de hallar los conocimientos que necesiten en este Colegio. En él se ha de dar la enseñanza de cuantas materias comprende un plan que abarque todos los conocimientos. Si por ahora sólo aparecen limitadas las materias en el cuadro de todas las necesarias, es porque la prudencia así lo exige: lo primero es ir preparando el terreno para que las semillas que en él se depositen se arraiguen y lleguen á dar los frutos apetecidos. No temáis nunca que puedan faltar las enseñanzas necesarias para alcanzar aquellos fines, ni los Profesores que las expliquen; todas se han de aclimatar aquí, porque tal es la voluntad resuelta y decidida de los que, abandonando acaso sus propios intereses, se ocupan y hasta se preocupan por el bienestar de los habitantes de esta villa. Ya habéis visto por todo lo que antecede los grandes bienes que con la inauguración de este Colegio van á venir sobre esta villa; bienes regalados, bienes distribuídos graciosamente á sus habitantes, sin que éstos tengan en cambio que retribuir estipendio de ningún género; bienes que son hoy y han der más en lo sucesivo la envidia de otras poblaciones más necesitadas tal vez que ésta. Y ¿de dónde procede tanta fortuna para Santa María de Cée?, ¿de dónde tanta ventura y dicha tanta?. Este es el momento preciso de pronunciar aquí á vuestra presencia el nombre del varón generoso y benéfico que abrigando en su corazón un amor sin igual para su pueblo natal, y olvidándose casi de sí mismo, sólo quiso manifestar aquel amor de un modo indeleble é imperecedero, no acordándose más que de los habitantes de Santa María de Cée. DON FERNANDO BLANCO DE LEMA Y SUÁREZ PRIETO es el varón generoso á quien esta villa y todos sus hijos son deudores de tan grandes beneficios; su nombre no se borrará jamás de la memoria de sus agradecidos paisanos, y éstos y sus hijos, y los hijos de sus hijos, habrán de recordar un año y otro año y por siempre la fortuna que alcanzaron por la generosidad del mencionado señor. Muy niño todavía, cuando sólo contaba trece años de existencia, impresionado por las grandes fortunas alcanzadas en nuestras posiciones de la América por otros hijos de esta villa, D. Fernando Blanco, sin temer á los peligros del mar, sin arredarse por los rigores de un clima que tantas víctimas ha producido y produce entre los peninsulares españoles que en él sientan su planta, busca pasaje en una embarcación no tan segura como las que en la actualidad hacen igual travesía y en ella se dirige á la isla de Cuba lleno de fe y de esperanza. Una vez allí, y sufriendo penalidades sin cuento hasta aclimatarse, sufriendo privaciones que sería muy largo de referir, se dedica al comercio. En tan ruda ocupación, ¡cuántas veces debió de lamentarse de la poca preparación que llevó en su enseñanza!, ¡cuántas veces echaría de menos la falta de conocimientos para emprender con seguridad de éxito las grandes empresas que se le ofrecían á cada paso!. Bien debió comprender en mil y mil ocasiones que si al salir de Santa María de Cée hubiera llevado los conocimientos en mayor desarrollo que los adquiridos en una mediana escuela de instrucción primaria, muy otro hubiera sido el resultados de sus empresas mercantiles y mayores hubieran sido los resultados obtenidos. Y ved aquí el por qué, encariñado con los hijos de su población natal y deseando que los que siguieran su ejemplo pudiesen con mayor facilidad procurarse una honrosa fortuna; cuando viéndose solo y sin hijos viviendo en lejanas tierras lamó la muerte á los umbrales de su casa y comprendió que era preciso pagar el tributo impuesto á todos los hombres, firme en sus premeditados propósitos, dispuso con tiempo y con bien pensada coordinación lo que debiera hacerse y el destino que debiera darse á su fortuna. Bien informado de cuanto la ley prescribe, consignó en su testamento su última voluntad, legando cuanto le pertenecía á sus albaceas fideicomisarios para que con ello se fundase en su pueblo y en su casa natal un Colegio-Instituto de primera y segunda enseñanza, donde recibieran su educación todos los hijos de Santa María de Cée gratuitamente hasta donde alcanzaran los productos del caudal que resultase después de su fallecimiento. Dicha fortuna fue estimada aproximadamente en trescientos cincuenta mil pesos, oro. Par llevar á efecto su última voluntad, dejó por albaceas fideicomisarios al Sr. D. Juan Álvarez Baldonedo y al Sr. D. Brígido Zabala, á quienes había dado las instrucciones convenientes. En su testamento les dio además facultades omnímodas para disponer y ejecutar cuanto les encomendara, incluso la de nombrar á las personas que ó por temor de su falta ó por otra causa cualquiera, hubieran de sustituírles en lo sucesivo, y a los cuales confería él las mismas facultades que á sus primitivos albaceas fideicomisarios. Como los referidos señores tenían su residencia en Cuba y les era imposible abandonar los intereses propios que allí les retenían para venir á la Península y realizar el encatgo que se les encomendara, acordaron nombrar en España una persona entendida y de probidad notoria bajo cuya dirección pudieran realizarse los deseos del Sr. D. Fernando Blanco de Lema. Consultada la voluntad del Excmo. Sr. D. Vicente Vázquez Queipo, persona intachable, entendida y de justificado renombre, tanto en la isla de Cuba, donde aún se recuerda con agradecimiento lo muchísimo que allí trabajó en beneficio de la madre patria, como en la Península y en todo el mundo civilizado, porque á todas partes han llegado sus múltiples escritos, premiados en los centros del saber donde se aquilatan hasta lo indecible el mérito de sus autores; á dicho señor confirieron sus poderes los referidos albaceas para que se diera comienzo al cumplimiento de la última voluntad del Sr. D. Fernando Blanco de Lema, dándole por compañero al Sr. D. Joaquín Zabala, para que le auxiliase con su presencia en los trabajos que habían de emprenderse en esta villa, así para elegir el terreno más á propósito en que había de levantarse el edificio del Instituto, como para vigilar de continuo la marcha de la edificación, y orillar con su buen criterio las dificultades que se ofrecen siempre en tales casos. El Excmo. Sr. D. Vicente Vázquez Queipo, después de pensar con detenimiento cuanto fuera necesario para cumplir con lo que se le encomendaba, encargó al Sr. D. José María Aguilar, Arquitecto de la Escuela de San Fernando, la confección de los planos del edificio que debiera construirse para el Colegio-Instituto que se había de edificar. Concluídos éstos, y después de repetidos viajes hechos á esta villa por el Sr. D. Joaquín Zabala para emprender las obras necesarias, vosotros ssbéis la serie de dificultades y de disgustos que sobrevinieron hasta poder adquirir el terreno necesario donde levantar el Colegio proyectado.Vencidas todas aquéllas, pudiéronse por fin empezar las obras el día 2 de Agosto de 1880. Mientras el Excmo. Sr. D. Vicente Vázquez Queipo, haciéndose superior á su edad, se culpaba en unión del Sr. Zabala de que las obras adelantasen y llegaran a su fin, los albaceas en la isla de Cuba se veían obligados á defender su honra puesta en duda en los periódicos de la Isla por la imnoble calumnia levantada contra ellos acerca de su gestión en el fideicomiso que se les había encomendado. Rudas y repetidas fueron las batallas que hubieron de librar en la prensa para vindicarse; mas no siendo suficientes sus explicaciones para convencer á quién continuamente les injuriaba, sin hacer caso de ellas, fuéles preciso acudir á los Tribunales de justicia para que éstos esclareciesen los hechos y diesen á cada cual lo que de justicia le pertenecía. Los Tribunales condenaron al autor de las injurias á la pena debida y al pago de las costas. Más los albaceas, satisfechos con la vindicación de su honor inmaculado y enemigos de causar daño ni aún á los mismos que con tan poca nobleza les habían injuriado, llevaron su magnanimidad hasta el extremo de perdonarlos. ¡Bueno hubiera sido que semejante proceder sirviera de ejemplo á otros que, instigados por la envidia ó por otras pasiones menos nobles, no se hubieran atrevido á correr los mismos riesgos que sus predecesores!. Mas, por lo que pueda ocurrir en este camino, no será fuera de nuestro propósito el advertirles que los albaceas, tranquilos en sus conciencia y fuertes en su derecho, no se detendrán hasta conseguir que su conducta quede tan limpia y tan pura como corresponde á quienes antes de todo, quieren conservar la honradez que siempre les ha distinguido. Adelantando las obras en su desarrollo, el Sr. D. Juan Álvarez Baldonedo tuvo por conveniente renunciar su cargo de albacea fideicomisario con que le invistiera el Sr. D. Fernando Blanco de Lema, y conforme á las facultades que se le conferían en el testamento, delegó en el Excmo. Sr. D. Antonio Vázquez Queipo, entrando este señor á continuar en dicho cargo, así como por el fallecimiento del Sr. D. Brígido Zabala, le sustituyó del mismo modo el Sr. D. Anselmo Rodríguez y Domínguez, actuales y únicos cumplidores fideicomisarios de la voluntad del finado. Durante el curso de las obras y por disposiciones ulteriores, á fín de que no disminuyera el impulso que requerían aquéllas, además del Excelentísimo Sr. D. Vicente Vázquez Queipo, le ayudó como queda dicho el Sr. D. Joaquín Zabala, y por su fallecimiento su hijo político el Sr. D. Justo Calvo, que prestó grandes y valiosos servicios con su incansable y reconocida actividad, el cual continuó hasta la muerte del albacea Sr. D. Brígido Zabala. Su sucesor el Sr. D. Anselmo Rodríguez nombró su representante en ésta á su hermano D. Joaquín, que por más de diez y ocho meses ejerció con un celo incansable la vigilancia diaria de los trabajos, hasta que, rendido por ellos y los digustos que á veces le ocasionaron, falleció hace dos años, sustituyéndole en su cargo los Sres. D. Santiago Domínguez y D. Laureano Riestra. Estos últimos, como residentes en la inmediata villa de Corcubión, lograron por su abnegación y por su prudencia y celo que las obras continuaran con impulso para que cuanto antes llegaran á feliz término. Dignos son por lo tanto estos señores y todos los demás arriba mencionados del agradecimiento de los albaceas, que por mi conducto aprovechan esta ocasión para manifestárselo ante la presencia de cuantos tienen la bondad de acompañarnos en esta fiesta; como lo son también del de todos los vecinos de esta villa y de todas las poblaciones del contorno, puesto que á todas alcanzan los favores dispensados por tan cumplidos caballeros con el desinterés que tanto les enaltece. En los seis años que han transcurrido desde que se puso la primera piedra para levantar el edificio que hoy admiramos, fue preciso gastar no sólo sumas cuantiosas que para ello se destinaron, sino esfuerzos de voluntad de que sólo pueden dar cuenta los señores mencionados. Mas para plantear la enseñanza hasta el punto de poderse anunciar la apertura del Colegio, se aumentaron los trabajos y las dificultades que los albaceas han tenido que vencer á fuerza de constancia y de desprendimiento. Con el fin de conseguir que la primera enseñanza, base de la segunda y de la superior, se diese en este Colegio con entera competencia por el Maestro que resultase con mejores títulos y con mayor experiencia, los albaceas anunciaron por medio de la Gaceta y otros periódicos, un concurso que dio por resultado la presentación de cincuenta y ocho aspirantes. Para elegir con acierto el mejor de todos ellos, se constituyó un tribunal que apreciase los méritos de los concurrentes, formado por el albacea Excelentísimo Sr. D. Antonio Vázquez Queipo, y los Excelentísimos Señores D. Acisclo Fernández-Vallín y D. Manuel María José de Galdo, personas universalmente conocidas en nuestra nación y fuera de ella por sus obras, y muy especialmente por las que se refieren á la primera enseñanza. Por dicho tribunal fueron clasificados por orden de numeración y de mérito los cincuenta y ocho Maestros, eligiéndose los que ocuparon los siete primeros lugares, y nombrando al que entre los siete tenía el número primero, según se publicó en la Gaceta oficial de 9 de Julio próximo pasado. Como tanto el número 1º, Don Juan Álvarez Sánchez, Maestro de primera enseñanza en Somió, provincia de Oviedo, como el número 2º, D. Isidoro Salas y Velasco, que desempeñaba la escuela de Santo Domingo de la Calzada, provincia de Logroño, renunciaron un cargo tan honroso como bien retribuído, por causas ajenas á su voluntad, según consta en sus renuncias presentadas á los albaceas, fue preciso explorar la voluntad del que tenía el número 3º, D. Joaquín Rodríguez y Muñoz, Maestro de Villa del Río, provincia de Córdoba. Aceptado por este señor el nombramiento, y teniendo el gusto de verle ya entre nosotros, se inaugurará la escuela con las demás enseñanzas. Á fin de que los estudios que se den en este Colegio-Instituto puedan competir con los que se reciban en los más acreditados de su clase, los albaceas han procurado que los Profesores que de ellos se encarguen, así como la dirección de los mismos, sean por sus títulos y por sus méritos una prenda segura del acierto con que se han de dar las enseñanzas en todos los ramos que han de formar el conjunto de las que hoy se inauguran en este establecimiento. Desde muy al principio comprendieron los albaceas que el cumplimiento de la última voluntad del Sr. D. Fernando Blanco de Lema, había de llevar consigo grandes dificultades, insuperables algunas para ponerlas en práctica. No fue pequeña la primera, por cuanto la erección del edificio, según aquélla, había de tener lugar en la casa natal del testador, la cual sólo contaba con las dimensiones superficiales consiguientes al rectángulo que pudiera formarse por una línea de seis metros de frente y otra de ocho metros de fondo, ó sean cuarenta y ocho metros cuadrados, dimensiones á todas luces insuficientes para construir un edificio capaz de contener todos los locales necesarios á un Colegio-Instituto de primera y segunda enseñanza.Por esta razón, y venciendo mil obstáculos é invirtiendo no escasos fondos, pudo adquirirse el terreno que hoy ocupa este edificio para destinarle al objeto que se había propuesto el testador, gracias á los buenos oficios del señor alcalde D. Pedro del Rial, para aunar la voluntad de los veinticinco compartícipes del terreno.Los albaceas, sin embargo, queriendo que hasta donde fuera posible se cumpliera la voluntad del Sr. D. Fernando Blanco de Lema, que era la de suministrar á los hijos de su villa natal la primera y la segunda enseñanza, resolvieron destinar su casa para construir en ella una escuela donde pudieran recibir su educación y enseñanza los párvulos de ambos sexos hasta la edad de siete años, y las niñas desde esa edad á la de los catorce. Vosotros sabéis la nueva serie de dificultades y de obstáculos que se opusieron á la realización de tan noble pensamiento, y los disgustos que ocasionó el vencimiento de los mismos; levantando una escuela en que podrán recibir su educación completa y gratuita hasta sesenta niñas. Mas cuando los albaceas se disponían á inaugurar dicha escuela para que cuanto antes recibieran ese beneficio los habitantes de esta villa, otro nuevo desengaño les llenó de pena y de tristeza, por lo increíble del caso, que nunca pudieron sospechar hubiera de presentarse. Una instancia de algunos vecinos de esta villa, hizo que por el Gobierno se prohibiera la apertura de la mencionada escuela, fundándose en la inmediación de la misma al cementerio de la población. ¿Cómo era posible que por inmediata que se hallase al cementerio dicha escuela, pudiera alterarse ahora la salud pública, y no hubiera sucedido lo mismo hasta aquí por la estancia de los vecinos que antes ocupaban la casa sobre cuya área se ha edificado la escuela, así como por la de los vecinos moradores que hoy ocupan las casas inmediatas, situadas con relación á aquél en condiciones casi idénticas?. Es verdad que la higiene pública por un lado, y por otro el respeto y veneración que se debe al lugar donde reposan los restos mortales de cuantos pasaron á mejor vida, exigen que el campo santo mencionado se secularice y deje de ser depósito cuanto antes para los cadáverews de los que vayan falleciendo, por cuanto sobre no tener la extensión que reclama el número de almas que constituye este vecindario, debe, según la ly, hallarse situado á la distancia conveniente que la misma ley determina de los edificios habitados por sus moradores; y precisamente de todas estas condiciones carece el campo santo de esta villa. Por la cortedad de su superficie y por el sitio en que se encuentra enclavado, inmediato al atrio de la iglesia parroquial, y del cual quizás formó parte cuando era permitido el sepelio de los cadáveres en el recinto de la misma iglesia, á muy corta distancia de la plaza pública de la villa y del paseo que en ella se ha construído para el esparcimiento y solaz del vecindario, y casi circuído por varias casas, desde cuyas ventanas hasta se pueden leer las inscripciones de los sepulcros construídos en el referido campo santo, le convierten en un peligro temible para el caso en que sobreviniera la desgracia de ser visitada esta villa por el azote de una epidemia desoladora. Mas bien se comprende que estos peligros no sufren variación alguna porque la escuela permanezca cerrada, siendo una parte proporcional y muy mínima de los mismos; y por otra parte, son inmensamente mayores los perjuicios que sufren los vecinos de la villa, careciendo de la educación y de la enseñanza de sus hijas, que bien la habrán menester. Á pesar de todos estos contratiempos, y firmes los albaceas en sus propósitos de cumplir cuanto el Sr. D. fernando Blanco de Lema les encomendara en bien de sus paisanos, y aun contra los deseos de éstos, al parecer, les propusieron un medio para salvar el conflicto y poder abrir las escuela, suscitando un expediente para construir un nuevo cementerio con la extensión y á la distancia requerida de la población, ofreciendo á la villa su valimiento y cooperación para conseguirlo. Con este objeto se instruyó un expediente en su día que, después de correr parte de los trámites burocráticos, estuvo detenido cinco años, hasta que los albaceas, cumpliendo sus ofertas en esta línea, han conseguido que se resuelva de conformidad con lo solicitado por este Ayuntamiento, autorizándole para procurarse los fondos necesarios para la construcción del nuevo cementerio. Ahora bien; visto cuanto los albaceas y demás señores que de buena voluntad y con un desinterés que les honra han hecho para llevar a cabo tan grandes obras, de esperar es que, convencidos todos los habitantes de Santa María de Cée, de las grandísimas ventajas de todo género que han de venir sobre ellos con el planteamiento de las enseñanzas que hoy se inauguran, no han de consentir que sobrevengan nuevos obstáculos y nuevas dificultades, sino que por el contrario, han de procurar que sus hijos frecuenten estos centros de educación y de enseñanza de que hasta aquí han carecido, como lo notó el benéfico fundador de los mismos en sus paisanos emigrantes, á quienes tuvo ocasión de tratar al otro lado de los mares. Precisamente por esto, fue por lo que el Sr. D. Fernando Blanco de Lema dispuso de su fortuna en bien y provecho de los habitantes de la población donde sus ojos vieron por primera vez la luz del día. De esperar es también, que los habitantes de Santa María de Cée, convencidos del aumento que ha de tener esta villa por la afluencia de las personas que de afuera han de venir á frecuentar los centros de enseñanza que hoy se inauguran, aumentando por lo mismo los intereses materiales del vecindario, contribuirán á facilitar esta afluencia de personas y de intereses, para que de este modo la villa de Santa María de Cée pueda con razón llamarse, y ser en efecto dentro de brevísimo tiempo la villa más principal é ilustrada no sólo de la provincia sino de la nación entera. Así sucederá á no dudarlo, bien persuadidos sus moradores de que su incremento, sus intereses, su bienestar y su renombre han de resultar de la prosperidad que alcance este Colegio que hoy por primera vez abre sus puertas á la juventus que aspira á educarse é instruirse en aquellos conocimientos que habrán de proporcionarle en su día su bienestar y su fortuna. Ahora, y antes de poner término á este trabajo, sólo me resta hacer un ruego á cuantos forman parte de esta noble y laboriosa villa, y es el siguiente. Tened siempre muy en vuestra memoria la de un varón tan benéfico como el Señor D. Fernando Blanco de Lema y Suárez Prieto, á quien sois deudores de tantos beneficios como os ha proporcionado, legándoos una fortuna que bien pudo destinar á otros fines muy distintos, á no haber en su corazón un amor tan profundo para vosotros. También son dignos de vuestro agradecimiento los prudentes albaceas Excmo. Sr. D. Antonio Vázquez Queipo, que en la Península pone por obra cuanto con su coalbacea creen que deba practicarse para el mejor desempeño de su encargo, y el Sr. D. Anselmo Rodríguez y Domínguez, que cuida tal vez con mayor esmero que de los suyos propios, de los intereses que constituyen el capital destinado al sostenimiento de esta obra. Dignos son igualmente de vuestro aprecio y reconocimiento, aunque tema herir su modestia por circunstancias especiales, el Excmo. Sr. D. Vicente Vázquez Queipo, á quien habéis tenido ocasión de ver entre vosotros tantas veces cuantas ha creído necesarias para el buen desempeño de su cargo, olvidándose de sí mismo, y sin tener en cuenta para nada ni su edad ni lo largo y molesto de un viaje con escasas comodidades, siéndolo para complemento todos los demás señores mencionados, y en la ctualidad los Sres. D. Santiago Domínguez y D. Laureano Riestra, quienes, como residentes á tan pequeña distancia de este punto, han podido con su presencia facilitar la remoción de los mil y mil obstáculos que se han suscitado á cada paso. Antes de concluir, y cumpliendo con el encargo de los señores albaceas y de sus colaboradores, yo doy gracias en su nombre y en el del personal de este Colegio á las dignas Autoridades que se han servido honrarnos con su asistencia, así como á cuantas personas han concurrido á dar mayor realce y esplendor con su presencia al acto que acaba de tener lugar. He dicho". Santa María de Cée, 2 de Octubre de 1886.
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